Inteligencia emocional, clave en la vida personal y profesional

06 de Nov de 2020

La inteligencia emocional se ha convertido en una asignatura obligatoria en el ámbito de la empresa, pues mide la solvencia y eficiencia de las personas responsables de proyecto o de los líderes de equipo a la hora de tomar decisiones, lo que repercute directamente en la rentabilidad del negocio. Máxime en este momento de transformación de las organizaciones y de digitalización, que atraviesa, además, por los efectos de una pandemia, y que genera incertidumbre en los entornos empresariales, donde una buena decisión tiene mucho valor y puede ser decisiva en el futuro del negocio.

Las emociones son recursos que nacen con cada uno de nosotros y que nos hacen reaccionar de una forma u otra ante una experiencia determinada. La risa, el enfado, la timidez, la responsabilidad, el miedo, la sociabilidad... influyen notablemente en nuestra vida y en las decisiones que tomamos a diario, al igual que lo hace el intelecto, encargado de potenciar nuestro lado más racional. He aquí dos inteligencias que tenemos de serie: la clásica, más vinculada al desempeño lógico y analítico, y la emocional, clave para la adaptación al medio.

La primera, nuestra capacidad cognitiva, la cultivamos desde la infancia con un proceso de aprendizaje académico oficial, pero ¿la segunda?... ¿por qué no aprendemos a manejar nuestras emociones? Y, lo que es más importante, ¿qué ocurre si no lo hacemos? El término no se acuñó hasta bien entrada la década de los noventa, lo que da idea de la escasa importancia que se le han concedido a las emociones en los ámbitos doméstico, educativo y profesional: “Como no entrenamos la inteligencia emocional, imitamos los patrones familiares y del entorno, creando un patrón emocional que no hemos elegido”, explica Yolanda Cañizares, ‘coach’ empresarial y experta en inteligencia emocional.

No todo es carga genética, sino imitación conductual. De hecho, los estudios científicos afirman que aunque los factores hereditarios marcan más de la mitad del carácter de una persona, este índice se puede reducir al 25% si se trabaja conscientemente el capítulo emocional.

Según Yolanda Cañizares, ‘coach’ empresarial y experta en inteligencia emocional, el término no se acuñó hasta bien entrada la década de los noventa, lo que da idea de la escasa importancia que se le han concedido a las emociones en los ámbitos doméstico, educativo y profesional: “Como no entrenamos la inteligencia emocional, imitamos los patrones familiares y del entorno, creando un patrón emocional que no hemos elegido”.

La experta señala que el primer paso de la inteligencia emocional pasa por el reto del autoconocimiento, es decir, por averiguar cómo es uno mismo y, a continuación, diseñar un patrón de conducta emocional propio que nos sirva para evolucionar o avanzar en uno u otro sentido.